El Espanyol ha pasado de rozar la perfección en la primera vuelta de LaLiga a encender las alarmas con una mala racha que amenaza su plaza europea. Con 35 puntos, sigue en zona de privilegio, pero ya siente el aliento de Betis y Celta en la pelea por el top 6.

De la euforia al aviso serio

La primera mitad de curso de los pericos fue casi inmaculada: un bloque sólido, competitivo y con confianza que se ganó a pulso el cartel de revelación del campeonato. Esa inercia positiva ha quedado frenada de golpe con cuatro tropiezos consecutivos en Liga, tres derrotas y un empate, que han rebajado la euforia inicial y devuelto al equipo a una realidad mucho más exigente. La reciente derrota en Mestalla, un 3-2 ante el Valencia, ha dolido especialmente por la forma y por confirmar que al Espanyol se le están escapando puntos en partidos muy abiertos.

Un Espanyol aún europeo, pero en el alambre

Pese a este bache, el Espanyol mantiene el tipo en la clasificación y sigue en puestos europeos con 35 puntos, un botín que habla bien del trabajo global del inicio del curso. Sin embargo, la tabla ya no se mira con la misma calma: Betis y Celta se afianzan como sus grandes rivales directos para sacarlo del top 6 de aquí a final de temporada. La sensación es clara: si los de Manolo González no reaccionan pronto, el premio de Europa puede esfumarse a la misma velocidad con la que llegó el entusiasmo.

Mestalla como punto de inflexión

El 3-2 encajado en Mestalla ha actuado como una especie de frontera emocional. El equipo compitió, tuvo momentos de buen juego y capacidad de respuesta, pero volvió a quedarse corto a la hora de gestionar los detalles que deciden partidos igualados. Defensivamente, los pericos han perdido parte de la solidez que les caracterizó en la primera vuelta, y eso hace que cada error se pague carísimo. La lectura interna es evidente: no se trata solo de resultados, sino de volver a reconocerse en el plan que les hizo fuertes.

El duelo ante el Alavés: una final anticipada

El partido del viernes ante el Alavés, adelantado y fuera del boleto de La Quiniela, se presenta como una auténtica final para el Espanyol. El rival pelea por la permanencia y eso refuerza la idea de que todo lo que no sea ganar supondrá un golpe muy duro para la moral del vestuario. En lo anímico, sumar tres puntos significaría cortar de raíz la mala racha, recuperar confianza y mandar un mensaje claro a la Liga: el Espanyol no piensa bajarse de la lucha europea.

Para el Alavés, el contexto es distinto pero igual de urgente: cada punto es oro en la batalla por la salvación. Eso anticipa un duelo de alta tensión, con un Espanyol obligado a llevar la iniciativa y un rival replegado, buscando aprovechar cualquier nerviosismo en la grada y en el propio equipo perico.