El Alavés viaja a Nervión con la misión de hundir al Sevilla y escapar cuanto antes de la zona de descenso, aferrándose a un historial favorable que le da esperanzas reales en el Pizjuán.

Un Alavés que huele sangre sevillista

Los de Coudet llegan con el cuchillo entre los dientes. Saben que el Sevilla está herido tras su empate ante el Girona y con solo una victoria en los últimos cinco partidos. Para el Alavés, esta visita no es solo sumar puntos, sino dar un golpe psicológico que sepulte las aspiraciones hispalenses y le permita salir del pozo. La urgencia es máxima en ambos bandos, pero los vascos ven en Nervión una oportunidad única para confirmar su reacción.

Historial favorable: tres visitas, tres rentas positivas

Las estadísticas arropan la ambición babazorra. El Alavés ha puntuado en sus tres últimas visitas al Pizjuán. Empate en la 21/22, victoria en la 23/24 y otro empate el curso pasado configuran un antecedente que invita a soñar. Ese registro refleja la capacidad del equipo para competir sin complejos en escenarios grandes, replegándose bien, mordiendo en contras y gestionando el reloj cuando toca.

Empate que no sirve, pero sí marca rumbos

Aunque para ninguno el empate es ideal, el Sevilla necesita ganar en casa para no tocar fondo y Alavés busca los tres para despegar, un punto podría ser oro de diferente valor:

-Para Coudet, supondría un punto de inflexión pensando en su próximo duelo en Mendizorroza, donde podría consolidar la permanencia con el impulso de no haber perdido en Nervión.

-Para el Sevilla, sería un nuevo tropiezo consecutivo ante su público, confirmando dudas y acercando aún más el fantasma del descenso.

El Alavés quiere repetir la historia y salir de abajo a costa de un Sevilla vulnerable. Aunque el empate no baste, puntuar en el Pizjuán cambiaría muchas dinámicas en esta lucha agónica por la salvación.