El Real Oviedo ha certificado su descenso a Segunda División un año después de haber conseguido el ascenso, en un desenlace que confirma una temporada demasiado cuesta arriba desde el inicio. El empate sin goles ante el Getafe del pasado fin de semana, unido al empate del Girona frente al Rayo en Vallecas este lunes, ha dejado sin opciones al conjunto asturiano, que ya no podrá evitar el regreso a la categoría de plata.

Un curso marcado por el gol

El gran problema del Oviedo ha estado en la falta de pegada. El equipo ha competido en casi todos los partidos y apenas ha sufrido goleadas, pero su incapacidad para convertir ocasiones en goles ha terminado condenándolo. En una Liga tan exigente, sumar empates no ha sido suficiente para sostener la permanencia.

La apuesta por Fede Viñas, tras dar salida a Rondón, llegó como un intento de encontrar una solución ofensiva en el tramo decisivo. Antes, las distintas etapas con Paunovic y Carrión ya habían dejado al equipo muy tocado, con un inicio preocupante que complicó demasiado el resto del campeonato.

El giro con Almada no bastó

La llegada de Almada cambió bastante la imagen del equipo, que mostró una versión más competitiva y ordenada. Sin embargo, la reacción llegó demasiado tarde y no fue suficiente para revertir el daño acumulado en los primeros meses.

Ese arranque deficiente terminó pesando más que cualquier mejoría posterior. El Oviedo se mantuvo con vida durante varias jornadas, pero nunca consiguió despegar del todo ni encadenar la regularidad necesaria para salir del peligro. Faltó dar el salto ante rivales directos, como Levante o Elche, precisamente equipos a los que no se pudo superar en partidos clave.

Competitivo, pero sin premio

Uno de los rasgos más llamativos del descenso del Oviedo es que el equipo no se ha desmoronado. Ha competido hasta el final, ha apretado a muchos rivales y ha evitado resultados humillantes, algo que deja la sensación de que la caída ha sido más por insuficiencia que por derrumbe.

Ese matiz explica por qué la afición ha acompañado con esperanza durante buena parte del curso, aunque el desenlace termine siendo igual de doloroso. La falta de gol ha sido, en definitiva, la losa más pesada.

Bernabéu y Alavés, sin premio

El Oviedo todavía tiene por delante tres jornadas en la élite, empezando este jueves por su visita al Real Madrid en el Bernabéu, un partido que además decidirá el pleno al 15 de La Quiniela intersemanal. Será un duelo de enorme dificultad en un escenario siempre exigente aunque sin nada en juego por ambos lados.

Después recibirá en casa a un Alavés que se juega la vida, en lo que será uno de los últimos compromisos en la élite que, por desgracia para los azules, solo ha durado una temporada.