En un Mundial donde la mayoría de los seleccionadores se aferran a sus «once inamovibles» como a un clavo ardiendo, Luis de la Fuente ha decidido caminar por el sendero menos transitado. El seleccionador español ha convertido la alineación de España en un jeroglífico para sus rivales, demostrando que en el fútbol de 2026, el éxito no reside en la repetición, sino en la adaptabilidad. Con una sola repetición de once en todo lo que llevamos de torneo, De la Fuente ha dejado claro que, para él, no existen los titulares indiscutibles: existen los «planos de partido».

La meritocracia sobre los nombres

El tono del vestuario español es de confianza total en la gestión de su entrenador. Luis de la Fuente ha construido un ecosistema donde el rendimiento inmediato cotiza más alto que los galones. Esta filosofía ha impactado directamente en figuras que antes eran intocables, como Pedri y Gavi.

El nuevo paradigma: Mientras que en ciclos anteriores Pedri y Gavi eran el corazón del equipo, en este Mundial ambos han vivido una realidad diferente. Pedri, pese a su indiscutible calidad, no ha logrado alcanzar la continuidad brillante de antaño, lo que ha llevado al técnico a confiar más en la llegada y el equilibrio de perfiles como Fabián Ruiz. Por su parte, Gavi, tras un largo proceso de recuperación, ha tenido que aceptar un rol secundario, con participaciones testimoniales mientras el equipo encontraba otras vías de juego.

Sin inercias: La gestión de cargas físicas ha sido impecable. España llega a semifinales con los depósitos llenos, precisamente porque De la Fuente no ha dudado en sentar a quien no estuviera al 100% para el plan específico, ya fuera contra Bélgica o en fases anteriores.

La amenaza de la incertidumbre: Para Francia, su próximo rival en semifinales, preparar el encuentro contra España es una pesadilla táctica. La versatilidad de este equipo obliga al rival a dudar constantemente de qué pieza encajará en el engranaje del martes.

El «Efecto De la Fuente 2.0»

Más allá de los nombres, lo que ha conseguido el técnico riojano es que la identidad de la Selección sea superior a la suma de sus piezas. Se ha pasado de la dependencia absoluta de una estructura fija a una fluidez táctica donde el sistema se ajusta al rival sin perder la esencia: posesión, agresividad en la recuperación y una fe inquebrantable en el plan. Esta capacidad de «auto-reinvención» constante ha sido el motor que ha llevado a España a las puertas de la final del Mundial, demostrando que, cuando el grupo confía ciegamente en las decisiones del banquillo, el techo es el cielo. Veremos si ante Francia vuelve a cambiarse el once, en el que Mikel Merino pide paso, tras anotar sendos goles triunfadores ante Portugal y Bélgica, o si mantiene el último equipo de gala.

La Final del Mundial en La Quiniela

El Pleno al 15 nos traslada a la gran Final del Mundial 2026, donde el escenario, la presión histórica y la gestión emocional serán los factores determinantes para decidir quién levanta el trofeo y completa el boleto soñado. Esperemos que España pueda estar en el boleto, que contará también con los mejores partidos de la Liga de Suecia y de la Liga de Noruega.