El Sevilla ha comenzado 2026 de la peor manera posible: cayendo en el Ramón Sánchez-Pizjuán ante el colista, un Levante que llegaba en situación límite y que, sin embargo, fue capaz de aprovechar todas las dudas del equipo de Almeyda. La derrota no solo escuece por el marcador y el contexto, sino porque confirma una sensación cada vez más evidente en Nervión: este Sevilla está muy lejos de su mejor versión y cualquiera, incluso el último clasificado, es capaz de plantarle cara.

Un equipo vulnerable y en mala dinámica

Más allá de la derrota ante el Levante, la tendencia reciente habla por sí sola. En los últimos cinco partidos de Liga, el Sevilla solo ha sido capaz de ganar al Real Oviedo, acumulando tres derrotas y un empate que reflejan un equipo sin continuidad, frágil en defensa y sin colmillo en las áreas. Lo más preocupante no es solo el resultado, sino la imagen: lagunas de concentración, errores groseros atrás, dificultades para imponer un ritmo alto y la sensación de que, cuando el rival aprieta un poco, el conjunto de Almeyda se descompone con facilidad.

Almeyda no termina de encontrar una estructura estable ni un once fiable. El equipo alterna momentos de presión intensa y buen pie en tres cuartos con fases largas de desconexión, donde ni manda con balón ni se siente cómodo replegado. Nervión, acostumbrado a ver a un Sevilla dominador y agresivo, empieza a impacientarse ante un grupo que, por más talento que tenga, no consigue ser reconocible ni competitivamente fiable.

Nervión, de plaza temida a estadio abordable

El Sánchez-Pizjuán ha dejado de ser ese fortín casi inexpugnable que intimidaba a cualquiera. La derrota ante el Levante, unida a otros tropiezos recientes, ha alimentado la sensación de que el Sevilla se ha vuelto un equipo abordable también en casa, algo que históricamente solía marcar la diferencia a favor de los hispalenses. Los rivales se sienten cómodos, encuentran espacios a la espalda de los laterales, castigan a una defensa insegura en los centros laterales y detectan que, si golpean primero, el Sevilla tarda en reaccionar o directamente no reacciona.

Este cambio de rol es especialmente peligroso en una temporada donde la parte baja está muy comprimida. No sumar con regularidad en Nervión obliga a rascar puntos fuera con una presión añadida que, ahora mismo, este equipo no parece preparado para soportar.

Un Celta al alza en el horizonte… y en La Quiniela

Para colmo, el calendario tampoco da tregua. En la próxima jornada, el Sevilla recibirá a un Celta en clara línea ascendente, un equipo que viene de ganar con autoridad al Valencia y que ha encontrado en su nuevo impulso ofensivo un arma para salir del barro. Será uno de los partidos destacados del boleto de La Quiniela del próximo fin de semana, y llega en un momento en el que el signo “1” ha dejado de ser un fijo automático cuando juega el Sevilla en casa.

Para los apostantes, el choque se presenta como un escenario de máxima duda: un Sevilla herido, cuestionado y en mala dinámica, frente a un Celta que crece y que ve en Nervión una oportunidad real de seguir escalando. Para Almeyda y los suyos, el encuentro tiene aroma de mini final: otra derrota en casa no solo comprometería todavía más la clasificación, sino que podría disparar todas las alarmas en un club que ya intuía que la temporada iba a ser complicada, pero que ahora mismo se asoma peligrosamente a una crisis de mayor calado.