El proyecto de Íñigo Pérez en el Villarreal atraviesa su momento más delicado. La derrota por 1-2 ante el Betis deja al conjunto amarillo en puestos de descenso, sin ninguna victoria y con apenas dos puntos en cinco jornadas de Liga. Si se añade la derrota en Champions ante el Borussia Dortmund, el balance es todavía más preocupante: dos puntos de 18 posibles desde que comenzó la competición oficial. El técnico asumió toda la responsabilidad después del encuentro y reconoció que no está consiguiendo transmitir confianza a sus futbolistas.

La apuesta del Villarreal por Íñigo Pérez generó expectación durante el verano. El técnico llegaba después de su buen trabajo en el Rayo Vallecano para ponerse al frente de un equipo de Champions y de una plantilla construida para competir nuevamente en la zona europea. Poco más de un mes después del inicio de la temporada, la realidad es completamente diferente: el Submarino todavía no sabe lo que es ganar.

El empate ante el Racing en la primera jornada y el punto conseguido posteriormente frente al Atlético de Madrid son todo el botín obtenido hasta ahora. Después llegaron las derrotas frente a Alavés, Deportivo y Betis en Liga, además del 3-2 sufrido en Dortmund en el estreno de la Champions. Seis partidos oficiales, dos empates y cuatro derrotas. Dos puntos de 18 posibles.

El Villarreal iguala el peor inicio liguero de su historia

La situación adquiere todavía más dimensión al acudir a los precedentes. Los dos puntos conseguidos después de cinco jornadas igualan el peor arranque del Villarreal en sus 25 temporadas en Primera División, un registro que hasta ahora correspondía a la campaña 2009-10. Han tenido que pasar 17 años para que el conjunto amarillo vuelva a encontrarse en una situación semejante.

La comparación con aquel equipo tiene una curiosidad importante. En la temporada 2009-10, el Villarreal tampoco ganó ninguno de sus cinco primeros encuentros, pero consiguió reaccionar y terminó el campeonato en séptima posición. El dato ofrece una pequeña dosis de esperanza, aunque las expectativas alrededor del actual proyecto son mucho mayores después de una temporada que permitió al club regresar a la Champions.

Íñigo Pérez tampoco está encontrando refugio en La Cerámica. Después de comenzar la temporada con tres encuentros consecutivos lejos de casa, el regreso al estadio amarillo debía convertirse en el punto de partida de la reacción. Ha sucedido justo lo contrario: el Deportivo remontó un 2-1 para llevarse el triunfo por 2-3 y el Betis volvió a imponerse este lunes.

Una rueda de prensa especialmente dura de Íñigo Pérez

Más preocupante que el resultado ante el Betis fue el discurso posterior del entrenador. Íñigo Pérez realizó una de las comparecencias más autocríticas que se recuerdan desde su llegada al Villarreal y asumió que, por el momento, no está consiguiendo encontrar soluciones.

El navarro reconoció que el equipo volvió a sufrir un problema similar al mostrado contra el Deportivo y calificó la imagen ofrecida durante la segunda mitad como especialmente dañina para él como entrenador. Su preocupación se centra fundamentalmente en la incapacidad para provocar una reacción en sus futbolistas cuando los partidos comienzan a torcerse.

“No doy con la tecla para generar fe en mis jugadores”.

La frase resume perfectamente el momento del Villarreal. Íñigo admitió que no está siendo capaz de convencer a sus jugadores del camino que deben seguir y fue todavía más contundente al valorar su propio trabajo: “No estoy dando el nivel”. Lejos de buscar excusas, el técnico asumió la responsabilidad de una situación que empieza a generar preocupación alrededor del proyecto.

La transformación de su discurso resulta significativa. Antes del encuentro contra el Betis defendía que el Villarreal estaba siguiendo el camino adecuado y que el trabajo terminaría dando sus frutos. Después de la derrota, su mensaje cambió hacia una autocrítica mucho más profunda.

El Betis expuso todos los problemas del Submarino

El 1-2 puede incluso resultar corto para explicar lo sucedido en La Cerámica. El Villarreal tuvo buenos momentos y Gerard Moreno consiguió adelantar al equipo, pero el Betis terminó imponiéndose con goles de Cucho Hernández y Natan y generó numerosas oportunidades para ampliar la diferencia.

El conjunto de Pellegrini terminó con 26 remates, mientras que Gulácsi tuvo que intervenir en diez ocasiones para evitar un marcador mucho más contundente. Los errores defensivos volvieron a penalizar al Villarreal y, especialmente después del descanso, el equipo perdió capacidad para responder al dominio verdiblanco.

Ahí aparece precisamente uno de los grandes problemas que está detectando Íñigo Pérez. El Villarreal tiene fases en las que compite y genera ocasiones, pero cualquier golpe del rival parece afectar demasiado al equipo. Ya ocurrió frente al Deportivo, cuando dejó escapar un encuentro que ganaba a falta de un cuarto de hora, y volvió a suceder ante el Betis.

La Rosaleda aparece como un partido decisivo

El calendario no concede tiempo para detenerse. El Villarreal volverá a jugar este jueves 17 de septiembre a las 21:30 horas, cuando visite al Málaga en La Rosaleda. El encuentro adquiere una importancia enorme para un equipo que necesita su primera victoria antes de que las dudas alrededor del nuevo proyecto sigan creciendo.

El Málaga tampoco ha comenzado bien. Llega al encuentro sin conocer la victoria y con tres puntos después de cinco jornadas, por lo que La Rosaleda enfrentará a dos equipos instalados en la zona baja y con una necesidad evidente de cambiar su dinámica. El Villarreal tiene dos puntos y ocupa actualmente la 18ª posición.

Para Íñigo Pérez, el desafío va mucho más allá de la clasificación. Después de reconocer públicamente que no consigue generar la fe necesaria en sus jugadores, Málaga representa la primera oportunidad para demostrar que puede hacerlo. Una victoria aliviaría la presión y permitiría empezar prácticamente desde cero; otro tropiezo convertiría definitivamente el mal comienzo en una crisis.

Málaga-Villarreal decide el Pleno al 15 de La Quiniela

El contexto convierte además el encuentro en uno de los grandes focos de la Jornada 7 de La Quiniela. No será un partido más del boleto: Málaga-Villarreal es el Pleno al 15, precisamente cuando ambos llegan sin haber ganado todavía en Liga.

Sobre el papel, la calidad de la plantilla amarilla puede conceder cierto favoritismo al Villarreal, pero su dinámica obliga a extremar la prudencia. Dos puntos en cinco jornadas, cuatro derrotas oficiales consecutivas y las dudas reconocidas por el propio entrenador convierten el resultado exacto en un auténtico desafío para el quinielista. El Málaga tampoco gana, pero La Rosaleda y la necesidad del conjunto andaluz añaden todavía más incertidumbre a un encuentro que puede marcar un antes y un después para Íñigo Pérez.

El Villarreal fichó al navarro para iniciar una etapa ambiciosa y competir entre los mejores. Seis partidos después, el equipo está en descenso, ha conseguido únicamente dos puntos de 18 posibles y ha igualado el peor comienzo liguero de su historia. La primera victoria ya no es únicamente una cuestión de puntos: en La Rosaleda, Íñigo Pérez necesita empezar a recuperar la fe de sus jugadores.