La derrota ante el CA Osasuna ha confirmado lo que ya era una sensación creciente en el entorno blanco: la irregularidad del Real Madrid le está pasando factura. El tropiezo no solo supuso un nuevo mal partido de los de Álvaro Arbeloa, sino que además significó la pérdida del liderato en Liga cuando todavía queda mucho curso por delante.
El problema no es únicamente la derrota en sí, sino la dinámica, un equipo que históricamente e incluso recientemente construyó su grandeza sobre la consistencia ahora encadena más altibajos de los esperados, y sobre todo en cortos periodos de tiempo. Y eso, en un club donde la exigencia es máxima, genera preocupación.
Un Madrid irreconocible en términos de regularidad
Durante años, el Real Madrid fue sinónimo de fiabilidad competitiva. Hubo temporadas en las que apenas concedía dos o tres derrotas en toda la campaña doméstica. Incluso en cursos sin título liguero, la sensación era la de un equipo que rara vez fallaba ante rivales de menor entidad.
Hoy el escenario es distinto. Con varios tropiezos cuando aún no se ha alcanzado el tramo decisivo del calendario, el conjunto blanco ha dejado escapar puntos que antes parecían innegociables. La derrota ante Osasuna es solo el último ejemplo de una tendencia preocupante:
-Falta de contundencia en las áreas.
-Desconexiones defensivas en momentos clave.
-Dificultades para imponer ritmo ante bloques cerrados.
-Irregularidad en el rendimiento individual de varias piezas importantes.
La consecuencia directa es la pérdida del liderato y muchas dudas en un momento estratégico de la temporada.
Arbeloa, ante su primer gran examen
La figura de Arbeloa entra inevitablemente en el foco. El técnico ha apostado por una idea valiente, con mayor protagonismo del balón y presión alta, pero los resultados no están acompañando con la regularidad necesaria.
El Real Madrid no solo está perdiendo puntos, sino identidad competitiva. Ese “gen ganador” que permitía resolver partidos grises con eficacia mínima parece haberse diluido. Y en el Santiago Bernabéu no se perdona la falta de reacción. Son 3 derrotas ya y 3 empates, en tan sólo 25 jornadas, más los tropiezos en Champions.
Mucho curso por delante, pero sin margen para más concesiones
La pérdida del liderato no es definitiva. La temporada es larga y el Real Madrid tiene calidad suficiente para revertir la situación. Pero el margen psicológico se reduce.
El partido ante el Benfica no es solo un cruce europeo: es una prueba de carácter. Si el equipo responde, la derrota ante Osasuna quedará como un accidente. Si vuelve a fallar, la palabra “crisis” dejará de ser exageración.
El Real Madrid ha demostrado en innumerables ocasiones que sabe levantarse. Ahora debe volver a ser ese equipo que convertía la regularidad en su mayor arma competitiva.