El fútbol no tiene memoria, y San Mamés lo está comprobando de la forma más cruda posible. Tras una temporada pasada para los libros de historia, en la que los «leones» rugieron en la Champions League, la realidad de este curso ha dado un giro de 180 grados. Hoy, el Athletic Club salta al césped en uno de los partidos más calientes del boleto de La Quiniela, no para pelear por la gloria europea, sino para ahuyentar un fantasma que nadie imaginaba ver en Bilbao: el del descenso.

La crisis de los números rojos

La inercia del conjunto rojiblanco es, ahora mismo, la más preocupante del campeonato. Los datos son elocuentes y no admiten excusas:

  • Sequía de puntos: El Athletic es el equipo que menos ha sumado en las últimas cinco jornadas.
  • Balance reciente: Solo una victoria en los últimos cuatro partidos, un bagaje insuficiente para un equipo de su calibre.
  • El retrovisor: Con 38 puntos, la barrera de la salvación se ha estrechado peligrosamente. Solo 6 puntos separan a los de Ibaigane de los puestos de castigo.

La sensación en Bilbao es que el equipo se ha quedado «en tierra de nadie», pero en una zona donde la falta de objetivos claros se está convirtiendo en un lastre físico y mental.

Osasuna: Un examen de máxima exigencia

El rival de hoy no es el mejor invitado para un equipo necesitado de calma. Osasuna llega a «La Catedral» con los deberes hechos y con un Ante Budimir en estado de gracia (16 goles), peleando con los grandes artilleros de la liga. El conjunto navarro es experto en castigar la ansiedad rival, y esa es precisamente la mayor debilidad del Athletic en este tramo final.

Para los pupilos de Valverde, ganar hoy no es solo sumar tres puntos; es alcanzar la frontera psicológica de los 41 puntos, esa cifra que suele marcar el inicio de la tranquilidad. Todo lo que no sea ganar supondría viajar a la siguiente jornada con la calculadora en la mano y la presión de una grada que no entiende cómo se ha pasado de la Champions a mirar el abismo en apenas doce meses.