El Elche ha pasado de ser la gran revelación tras su ascenso a coquetear con el peligro, con cuatro partidos sin ganar que han encendido las alarmas en un curso que empezó lleno de ilusión.

De la euforia revelación al bache preocupante

Tras lograr el ascenso el pasado curso, el Elche arrancó LaLiga con un fútbol valiente y resultados que le valieron el cartel de equipo sorpresa. Se asentó en la zona media-alta, sumando puntos ante rivales directos y transmitiendo solidez, pero los últimos cuatro partidos —dos empates y dos derrotas— han roto esa dinámica. Ahora, solo un partido le separa de la zona de descenso, un escenario que nadie imaginaba para los de Sarabia hace unos meses.

La derrota en el Ciutat: un golpe psicológico

El tropiezo más doloroso llegó en el derbi ilicitano ante el Levante, donde el Elche salió muy tocado tras regalarle oxígeno a un rival que andaba herido. Esa derrota no solo sumó tres puntos perdidos clave, sino que dejó al equipo con la moral por los suelos: generó ocasiones, compitió en tramos, pero falló en la definición y en la gestión de momentos clave. Esa fragilidad está costando caro en un tramo de calendario donde cada punto pesa como una sentencia.

La zona baja se complica: rivales que despiertan

Lo que agrava la situación es el contexto general de la tabla: los equipos de abajo, salvo un Oviedo al que le está costando sumar con regularidad, empiezan a reaccionar y a complicar la permanencia este curso. Leganés, Alavés o el propio Levante revitalizado están apretando, lo que estrecha el margen para el Elche. Con 4 jornadas sin victoria, el margen de error se ha evaporado y la permanencia deja de ser un trámite para convertirse en una batalla abierta.

El Barça en el horizonte: el peor escenario

El próximo sábado llega el peor rival posible: el Barcelona, en uno de los duelos destacados del boleto de La Quiniela. Para el Elche, este partido es una trampa mortal. El Barça llega enchufado, con hambre de puntos y sin piedad ante equipos en apuros y más con el Real Madrid de vuelta en la pelea por el título. Jugar en casa puede ser un alivio relativo, pero la necesidad de sumar urgentemente choca de frente con un calendario caprichoso que no da tregua. Todo lo que no sea competir al límite será un mazazo anímico de cara al sprint final.

El Elche necesita una reacción inmediata para no convertir un inicio ilusionante en un final agónico. El duelo ante el Barça será un termómetro brutal, si compite y saca algo positivo, recuperará oxígeno; si cae con estrépito, la zona baja se convertirá en un abismo del que cuesta salir. Para el quinielista, saber leer este bache a tiempo es la clave para no caer en la trampa de un equipo que ya no es la sorpresa, sino el que lucha por no ser sorpresa negativa.